domingo, 2 de octubre de 2016

El famoso plebiscito


Hoy es un día perfecto para quedarse durmiendo hasta las 15, lo cual cuestiona el mismo pensamiento, pues si estoy aún durmiendo, ¿cómo sé que hoy es un buen día para seguir durmiendo?

Desde hace un par de semanas aproximadamente, nuestro país ha sido el titular de un gran número de periódicos nacionales e internacionales, en especial aquellos europeos. Al parecer, no solo a Colombia le interesa el fin (no de la guerra) del grupo subversivo más antiguo del país –y del continente-, también a la región latinoamericana y al mundo mismo. Me quedo pensando que la paz se ha convertido en un concepto un poco relativo e inacabado. “Todo depende”, “No creo que gane el sí”, “No saldré a votar”, “Todos hablan de política, y esa gran mayoría es pura m***da”, “Yo sé que ganará el no, la gente ya se aburrió de las mentiras”, “Nunca gana lo que yo voto”, “En este país quieren que todos seamos homosexuales” –sinceramente no sé a qué viene esta última-, estas y otras frases son las que he podido rescatar de la sabiduría popular contenida en los caminos que transito en esta ciudad. Yo no sé qué pasará, pero temo que cualquier decisión sea peligrosa a corto o largo plazo.


Madrugo porque asumo mi responsabilidad como ciudadano, así como asisto sagradamente la hora de la cena. Es imprescindible comprender que si tengo la posibilidad, el privilegio y la autoridad para votar, entonces debo hacerlo, de lo contrario solo se restará el concepto de ‘país demócrata’ y no quedará más que conformarme con el resultado que otros han elegido para mí, pues no seré ajeno a esto aunque así lo prefiera.

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